Por Julia Vázquez, Magdalena Cabral, Giuliana Valenzuela, Lucía Stadler y Valentina Machado
Hoy en día la salud mental es un problema que, según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), afecta a gran parte de los jóvenes y luego de la pandemia esta problemática recrudeció.
En Argentina, según el fondo de las Naciones Unidas para la infancia (UNICEF), 1 de cada 7 niños y adolescentes, presentan problemas de salud mental. Los más recurrentes son: los trastornos alimenticios, de ansiedad, de pánico, de personalidad, de depresión o de bipolaridad. La salud mental es el estado de equilibrio que debe existir entre las personas y su entorno sociocultural. Según el Ministerio de Salud Argentino, es el bienestar emocional, psíquico y social, cómo piensa, siente, actúa y reacciona una persona ante momentos de estrés.
Los adolescentes con trastornos mentales son particularmente vulnerables a sufrir
exclusión social, discriminación, problemas de estigmatización (que afectan a la disposición a buscar ayuda), dificultades educativas, comportamientos de riesgo, mala salud fisica y derechos vulnerados. El bienestar emocional de los jóvenes es tan importante como su salud física, la buena salud mental les permite desarrollar la capacidad de recuperación para hacer frente a lo que sea que les depare la vida y convertirse en adultos sanos y completos, según el Ministerio de Salud Argentino.
En este último tiempo, según las fuentes contactadas, ha aumentado significativamente la demanda en el equipo de salud mental de adolescencia primando estas dificultades en el lazo amistoso o amoroso con sus pares, lo que genera duda de la propia identidad que se manifiesta de diversas formas según la subjetividad de cada persona.
A la hora de la investigación, tomamos contacto con directivos escolares, trabajadores de la salud, profesores y estudiantes.

Una de las fuentes escolares que más nos llega es la actual directora de nuestro colegio, Jesica Martin, que nos explica lo que sucede dentro de las puertas de la institución. “Después de la pandemia, se encuentran con alumnos que habían perdido la facilidad para relacionarse en grupo o con sus compañeros, que ya no se veían igual de cómodos en las aulas. Esto antes no era tan frecuente porque la modalidad de burbujas hacía que los grupos fueran reducidos. Lo que pasó después de la pandemia, fue que estos problemas se visibilizaron más por la poca costumbre de ser muchos y la cantidad de alumnos que lo padecían”, explica Jesica cuando le preguntamos si encontraba alguna diferencia entre antes y después de la pandemia.
Otra de nuestras fuentes contactadas fue Magdalena Roa, vicedirectora del colegio Ernesto Sábato. Ella nos contó cómo afecta la salud mental en su institución. “Mayormente las situaciones emergen en el cotidiano de la escuela y que suelen manifestarse en momentos de tensión o presión (evaluaciones, calendarios ajustados de exámenes, exposiciones orales, en una muestra), al momento de generar vínculos particulares con compañeros/as (hacer un trabajo grupal con alguien con quien no tienen tanta afinidad en el aula, o similares), en contexto de una actividad reflexiva en la
que se los/as invita a que piensen, en los momentos en que se les pone un límite”, explica Roa cuando le preguntamos acerca de las problemáticas más frecuentes de los estudiantes.

Para contrastar la información, nos comunicamos con la licenciada en trabajo social Elisabeth Eleno, quien forma parte del Sistema Integrado de Salud Pública (SISP) ejerciendo su cargo de Licenciada en Trabajo social. Ella trabaja junto con profesionales psicólogos, psiquiatras y trabajadores sociales, que atienden particularmente a adolescentes entre 15 y 19 años.
“Para algunos adolescentes lo virtual fue un alivio, dado que les permitió protegerse de los avatares que conlleva relacionarse con pares. Estos mismos jóvenes fueron los que al volver a la presencialidad, desataron cuadros de angustia y ansiedad, con serias dificultades de retornar a la dinámica escolar. Para otros, el encierro fue agobiante, por no saber qué hacer con la presencia familiar constante, encontrando en las noches de desvelo una posibilidad de ser ellos mismos cuando nadie los ve. Como una manera de restarse a la mirada omnipresente familiar del encierro pandémico”, nos cuenta Elisabeth cuando le preguntamos sobre cómo influyó la virtualidad y el aislamiento en cada joven.
También nos informamos con Brian Olivares, ex alumno de nuestro colegio y estudiante de trabajo social en la UNICEN. Él está haciendo su tesis sobre los trabajadores sociales y su desempeño en los barrios. Nos comentaba que fue identificando la disminución del encuentro cara a cara en las personas que tenían algún problema de salud mental en distintos barrios, principalmente en los centros de salud y sus profesionales.
Elisabeth, trabajadora social, nos explicó que sin embargo, ante estas situaciones lo más importante es facilitar un espacio de escucha y acompañamiento solicitando ayuda lo antes posible. Es tarea de las familias, los amigos, las instituciones educativas y también instituciones de salud, buscar armar una red y articulación para un abordaje conjunto e integral donde se favorezcan los circuitos de comunicación.
Alertas a tener en cuenta
Estas son, según la Healthy Children Organization, algunas señales de alerta que todos los padres deberían tener en cuenta:
● Sueño constante y cansancio frecuente.
● La pérdida de autoestima.
● Abandono o pérdida de interés en las actividades de tiempo libre. ● Bajo rendimientos académicos de un día hacia el otro.
● La pérdida de peso repentina y falta de apetito.
● Los cambios bruscos de personalidad.
● Depresión.
● Expresiones de desesperanza o inutilidad.
● Pánico y exceso de aislamiento.
● Auto mutilación o hablar sobre hacerse daño a sí mismo.
● Abandono de amigos y grupos sociales.

En Tandil es posible solicitar ayuda en el equipo que forma parte del Sistema Integrado de Salud Pública (SISP) que está conformado por: Licenciada en psicología Victoria Leguizamón, Licenciada en psicología Camila Molina, Licenciada en psicología Manuela Ponce, Licenciada en psicología Valeria Pérez y Licenciada en trabajo social Elisabeth Eleno.




